jueves, 19 de abril de 2007

Diario de un congreso. Día II



¿He dicho que el tema del congreso era "cuerpo y sexualidad"? Creo que no, aunque el otro día colgué el poster y allí lo pone. Bueno, que quede constancia de ello. En principio todo muy sugerente e interesante. Pues no. Al final la cosa se quedó en un montón de batiburrillos conceptuales y no menos pedantería. Si es que ya debía de haber previsto que cuando uno se junta con filósofos, Kant y compañía acaban destrozándote. Y además no hubo prácticas. De todos modos, el segundo día empezó duro, con dificultad para levantarse tras las pocas horas dormidas. Una ducha y para Atocha, a pillar el tren que nos iba a llevar al campus. Imposible no pensar en lo que ocurrió allí hace tres años (cómo pasa el tiempo, lento y rápido a la vez). Supongo que a los habituales de las cercanías ya no les impresiona tanto, pero no deja de entrar uno en esos trenes con cierto temor y mirando a todas partes. Sólo fueron los cinco primeros minutos. Desayuno en la Autónoma. A quién pueda interesarle: café con leche y croissant, 1,20€.

Nos metimos en el salón de actos de la facultad de filosofía y allí nos dispusimos a, entre cabezada y cabezada, escuchar lo que los comunicantes tenían que decirnos. El primer acto fue una mesa redonda con Fernando Castro (profesor de estética), Dani Panullo (coreógrafo), David Delfín (diseñador de moda) y Domingo Sánchez Blanco (no sabría clasificarlo, pero una vez hizo de actor porno). No esperraba mucho de esta gente, no entendía qué pintaban en un congreso de filósofos, pero al final resultó ser uno de los momentos más interesantes, profundos y divertidos de todo el congreso. Pudieron con mi sueño. Tras ellos, más comunicaciones, entre ellas otro compañero de la UIB, Diógenes, que había llegado el día anterior por la noche. Muy interesante y divertida su comunicación, los cínicos es lo que tienen. Con él y con cinco chicas de la licenciatura completábamos el plantel balear del congreso. Éramos de las universidades con más representantes, todo un mérito para venir de una isla.

Llegó la hora de comer, y a pesar de que teníamos la comida gratis en el campus, las chicas nos arrastraron (bueno, nos guiaron, ellas diez metros por delante y nosotros siguiéndolas) a un bufet en el centro de Madrid. No fue lo mejor que he comido, pero estuvo bien. Eso de tener barra libre para comer es un gran invento, sobretodo a la hora de los postres.

Con el estómago lleno nos fuimos a la sesión de la tarde, que nos depararía uno de los momentos más desquiciantes del viaje. Lo que ocurrió fue que en el turno de preguntas, tras las comunicaciones, una señora se levantó e interpeló a una de las comunicantes con algo de agresividad, diciéndole que no había captado nada de la autora de la que había hablado, y diciéndonos lo que se supone que nuestra generación tenía que hacer. Para colmo, alabó de forma exagerada la comunicación que menos me había gustado. Me salí a la mitad de la intervención de esta señora, que iba camino de hablar más que los comunicantes.
Un cafelito y dos conferenciasd más, y a cenar. Nos olvidamos de las chicas y nos largamos a cenar. Dimos una vuelta en busca de algún lugar apetecible donde cenar, y acabamos en una cadena americana de comida basura. No estuvo mal.

Tras la cena, nos dirigimos a La escalera de Jacob, donde nos habían programado unas actividades. La primera de ellas era un concierto del grupo En busca del pasto. No me gustaron, demasiado deconstruidos y pesados, ni siquiera los videos que se proyectaron despertaron mi interés. A lo mejor con alguna sustancia ilegal en el cuerpo pueden llegar a gustar, pero no uso de esas cosas, bastante mal voy en estado basal como para tener que ayudarme desde fuera. Menos mal que llegamos al final, y la música rara terminó al poco de llegar nosotros. Allí estaban las chicas que habíamos abandonado, pero no les hicimos demasiado caso (ni ellas a nosotros, la verdad), porque la segunda actividad de la noche robó toda nuestra atención. Se trataba de una sesión de danza el vientre que agudizó los efectos de la primavera en nuestra sangre. Sin dudarlo un instante, lo mejor de todo el congreso. La pena es que la actuación fue corta, o al menos se nos hizo corta (eso es que nos gustó), pero estuvo muyu bien. Cómo se movía la chica con el sable encima de la cabeza sin caérsele. Qué sensualidad y que arte. Tras las actuaciones, nos largamos a hacer la última a un local cerca del hostal, en el que, cosas que tiene la vida, nada más entrar salió todo el mundo (masculino y femenino). "Vamos a entrar aquí, que parece que hay ambiente". Y entramos y todo el ambiente salió fuera. Nos quedamos solos, pero había de beber y allí nos quedamos. Entre risa y risa se nos hicieron las tres y pico de la madrugada. Y decidimos ir a dormir, que al día siguiente tocaba más maratón congresística. Volvió a costar conciliar el sueño, pero menos, y dormimos como bebés.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

vaya vaya... este chico presenta todos los rasgos del inconformismo barato... Criticar y criticar sin emitir razón ni argumento ninguno, todo a bote pronto... Esto estaría bien si, al menos, tuviese la decencia de criticarse a sí mismo como a todo lo demás... Pero, en fin, de siesos está el mundo lleno!!

El Pez Martillo dijo...

¿Esto va por la entrada o por el blog en general?

En cualquier caso, no todo es crítica (en sentido negativo), también creo que alguna nota positiva he dejado. Parece que no se ha notado la ironía que le he metido al asunto (hay gente que lee demasiado al pie de la letra las cosas), y en tal caso pido perdón por mi pobre prosa, que no alcanza a expresar lo que quiero contar.

Por otro lado, se trata sólo de un relato de lo vivido aquellos días, con lo que me gustó y lo que no me gustó, lo que se me hizo pesado y lo que disfruté. Tampoco hace falta estar justificando y argumentándolo todo, que luego la fluidez pierde (y aquí se trataba de ser fluido).

Finalmente: ¿cómo sabe que no me critico con la misma dureza y sinrazón que a todo lo demás?. Que no lo exprese (el personaje a veces lo exige) no quiere decir que no lo haga.

Un saludo, crític@ anónim@.

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