jueves, 25 de enero de 2007

Rapiña


Hay que ver cómo nos ponemos los humanos en cuanto nos regalan cosas. Hay ferias y mercados en los que se ofrecen productos para degustar, o actos en los que se regalan bolígrafos, mecheros o cualquier clase de cachivache con publicidad. Es fácil saber dónde se está regalando algo. Una nube de gente se arremolina en torno al mostrador, extendiendo los brazos para agarrar lo que sea. Si se trata de comida, la cosa es aún peor. Las gentes de la tercera edad, que han vivido épocas más precarias y que han pasado hambre de verdad (nada más traumático que ver un grupo del Imserso en torno a un buffet libre), se agolpan alrededor de las degustaciones, llegando incluso a las discusiones y conatos de peleas.

Da igual lo que nos regalen, lo que importa es obtener algo, lo que sea. Esto confirma mi idea de que la base de la propiedad privada es la apropiación. La satisfacción no la produce el tener algo, sino el hacerlo nuestro (otra de las bases es la de nuestras carencias, nuestro carácter miserable en el mundo, que intenta dominar cuanto más mundo mejor, al menos como efecto balsámico). Una vez es nuestro, a veces nos olvidamos de ello (obsérvese el comportamiento de los niños) hasta que alguien quiere apropiárselo. Entonces surge el conflicto. Pero es más una cuestión de poder que de asegurar la propiedad, porque al venir otro que quiere apropiarse de lo que antes me había apropiado yo, surge de nuevo el impulso apropiador, es como un reapropiar, un volver a hacer efectivo aquel acto primero. Y entonces es o tú o yo.

La cuestión es que, cuando nos dan carta blanca para apropiarnos, allá vamos de cabeza a ver qué podemos conseguir. Y nos da igual lo que encontremos. Siempre se puede sacar algo. Y luego lo contaremos por ahí, como si hubiéramos ganado una batalla.

Se celebra estos días en Palma una "feria" de libros de segunda mano. Instituciones, bibliotecas y otras entidades donan un montón de libros, que son expuestos y que la gente se puede llevar de forma gratuita. En cuanto me enteré me froté las manos. La verdad es que no hay nada interesante, todo son publicaciones de esas subvencionadas y editadas por las instituciones, que sirven para pagar un buen dinero a alguna imprenta amiga y que o no se venden o se venden muy poco. Catálogos de exposiciones, estudios estadísticos, alguna revista... Nada del otro mundo (debo decir que lo ideal sería haber ido el primer día, ya que seguro que lo más interesante voló al principio). Pero aún así he conseguido haceme con un volumen. Se trata de "Començaments de filosofia", de Ramon Llull. Dudo que algún día lo lea, está en catalán antiguo (dificilísimo de leer) y no estoy muy puesto en filosofía medieval, y además tengo un montón de cosas por leer que me interean más que Llull (a pesar de ser un ilustre mallorquín). Pero ahora es mío. Y ya nadie me lo va a quitar (quien lo quiera se las tendrá que ver conmigo).

1 comentario:

Horrach dijo...

Son una pérdida de tiempo estas ferias. El año pasado ya montaron una, y no se encontrará usted con ninguna 'Ciencia de la lógica' de Hegel o 'Conversaciones con Jünger'.

Me gusta su reflexión sobre la apropiación, la enriquecería todavía más una lectura de la teoría mimética de Girard, si me permite usted el consejo paternalista. Hay que tener en cuenta en este tema que el valor de los objetos (vivos o inertes) deseados aumenta cuando es mucha la gente que los pretende, lo que demuestra que muchas veces el nivel no es cualitativo sino cuantitativo. Así funciona el capitalismo, pero también cualquier otro sistema cultural. El vínculo ambivalente con el Otro, demonizado y angelizado depende de la circunstancia, es lo que nos mueve siempre, en un círculo infernal que nos ciega casi totalmente.

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