lunes, 18 de diciembre de 2006

Póstumo


Siempre me ha llamado mucho la atención lo póstumo. Se habla de trabajos o fragmentos póstumos. Y da la impresión de que el autor en cuestión los hizo después de morir. Ninguna obra es póstuma. Lo que es póstumo es la publicación, la salida al público. Algunas veces se trata de obras que desde el primer momento estaban ideadas para salir a la escena pública, pero que se vieron interrumpidas por la muerte de su creador (me viene a la memoria la película Eyes Wide Shut de Kubrick). Pero en muchas otras ocasiones son trabajos previos, apuntes, obras marginales o de juventus, y que, por la importancia adquirida por su autor, se convierten en interesantes para el estudio de su obra. No todo lo que escribimos lo hacemos con la intención de publicarlo (hay quien ha dicho que se escribe más para uno mismo que para los demás). Y muy a menudo esto que escribimos sin saber que será sometido al tribunal de la alteridad es lo más auténtico, el lugar donde aparecn con más claridad nuestros pensamientos más profundos y personales. Por eso nos interesan tanto los trabajos publicados de forma póstuma. A veces se retoman proyectos abandonados, abortos intelectuales que otro culmina y da forma definitiva. En estos casos se transforma la idea original y el trabajo resultante no es nunca el que el genuino autor quiso. Además, según en que manos caiga, lo póstumo puede ser manipulado y acabar como lo que en ningún momento se quiso .

Lo más honesto es sacar lo póstumo tal cual se escribió, aunque no tenga ninguna forma. Puestos a manipular, que manipule cada uno según su voluntad, no que nos venga la manipulación dada de antemano.

Uno de los casos más conocidos y sangrantes que conozco acerca de el tratamiento que se ha hecho de lo póstumo es el de la obra de Nietzsche. Más allá de su obra publicada en vida, ya de por sí amplia, hay un montón de cuadernos en los que él iba tomando notas y esbozando ideas y futuras publicaciones. A su muerte (en 1889 la mental y en 1900 la biológica), su hermana Elisabeth se encargó de gestionar su legado. Y lo hizo de forma nefasta. Destruyó cartas, eliminó fragmentos, los reordenó, e incluso los alteró. Todo ello con vistas a reforzar sus puntos de vista, que unos años antes le valieron el dejarse de hablar con su hermano (el "antisemita" Nietzsche le retiró el habla por haberse casado con un líder antisemita). La hermana publicó las obras según su criterio, no teniendo muy en cuenta lo que él pudiera haber opinado. La culminación de todo llegó cuando Elisabeth entró en contacto con Hitler y los suyos, consiguiendo incluso una visita del Führer al archivo Nietzsche en Weimar.

Poco a poco fue saliendo a la luz la tramna establecida por la hermana, y otros autores vinieron que empezaron a reelaborar la obra póstuma del alemán. Los fragmentos póstumos fueron recopilados y publicados tal cual él los escribió, y la correspondencia (toda la que queda también). En estos momentos se sigue trabajando en ello, el proyecto es sacar algo así como una transcripción fotográfica, con idéntica estructura a los cuadernos originales. Incluso se están editando los libros de otros autores que él tenía en su biblioteca personal. Pero lo más importante y que nos tiene entusiasmados a los que nos interesamos por estos asuntos y por Nietzsche en particular es la inmensa labor que se está haciendo de traducir al castellano los fragmentos póstumos y la correspondencia . Algunos volúmenes ya están en la calle (el primero de la correspondencia, y el cuarto de los póstumos), y en los próximos meses-años irán saliendo los que quedan. Por fin podemos tener los hispanos una visión mucho más global y completa del pensamiento de este autor fundamental para la historia del pensamiento (y no sólo) contemporáneo. Pero aún no es suficiente. ¿Para cuándo unas "Obras completas"? (eso sí que es una labos inmensa, en alemán creo que son unos treinta y pico volúmenes).

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