sábado, 17 de junio de 2006

Gelassenheit


El filósofo alemán Martin Heidegger pronunció en el año 1955 una conferencia con este título. La traducción al castellano vendría a ser algo así como Serenidad. En esta conferencia, Heidegger hablaba de la técnica y de cómo la humanidad se estaba entregando demasiado a ella, corriendo el riesgo que quedar a merced de ella, reducida a un mero instrumento en manos de las tecnologías. De este modo, todo quedaría sometido a un mero cálculo, quedando así en el olvido lo que es más propio del ser humano, que según él es el pensamiento reflexionante (el que no va más allá de sí mismo y que toma a las cosas en su esencia, sin entrar en cuentiones de finalidades). Como defensa frente a este peligro, el alemán propugna esa Serenidad, que define como un decir sí y a la vez decir no a la técnica. Se trataría de reconocer las utilidades que ésta nos reporta, pero siendo conscientes de que las tecnologías no son más que un mero instrumento. De este modo nos mantendríamos en pie ante ellas, usándolas pero sabiendo que en cualquier momento podemos prescindir de ellas (de hecho, como ejercicio práctico, tenemos que prescindir de ellas de tanto en tanto). Esta es la receta para no convertirnos en esclavos de la técnica y el modo de pensar técnico (el que se pregunta por los medios para conseguir determinados fines).

Esto, que en principio se dijo para la técnica, se puede extender a todos los campos de la vida, llegando a un estado sereno ante todo lo que nos rodea, ante el mundo. Saber que estamos en él, pero que en última instancia nos es ajeno, como si no fuera con nosotros. Esta sería la base de la Serenidad ante el mundo.

Lo digo porque estoy harto de ver gente enfadada, de ver gestos grandilocuentes y de indignación por todas partes. Y todos, todos le dan la culpa a los demás, cuando es evidente que los que se enfadan son ellos, y que en ellos está la llave de su enfado. Y así, lo único que hacen es estar a merced de los estímulos externos, son esclavos del mundo. Lógicamente, esto no debe significar la más pura inacción, sino sólo un llamado al autocontrol, a la serenidad. Tal vez las cosas salgan mejor si se hacen tranquilamente y mediante la reflexión que llevados por impulsos. El mundo está ahí, y hemos de movilizarnos por él, pero tranquilamente. Nos hacen falta grandes dosis de estoicismo y de gelassenheit para movernos por él. Es, posiblemente, la forma más humana de hacerlo.

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